Toda esa ira contenida, que es tuya y a la vez es mía, el punto de unión, la coincidencia y el momento de la caída. Me viene en gana tatuar tu rostro en un árbol de sal y convertirlo en una imagen perpetua hasta que la lluvia se lo lleve sin dejar indicios de su existencia pasada pero con plena consciencia de la misma. Excusas. Es eso. Buscar reflejarme en vos. La identificación. Encontrar un par para dejar de ser impar. Deshacerme de las consecuencias, otra excusa. Negar ese árbol, esa sal… otra excusa. Imperfectas todas, pero suficientes.
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